Héctor empezó a hablarme de una reunión ecuménica en Encarnación, Paraguay.

Hector_Paraguay

Conocí a Héctor DOLFI (el de camisa blanca fallecido el 17 de junio de 2009) a través de un sacerdote. Me causó muy buena impresión el solo escuchar su voz: segura, noble, sincera… La primera visita que le hice para llevar la documentación que necesitaba terminó con un obsequio para mí: un librito de mensajes de la Verdadera Vida en Dios. Se detuvo a pensar un poquito y me alcanzó también una “guía para los encuentros de oración”. Me pidió que leyera los mensajes y que cuando finalizara le hiciera llegar mi opinión al respecto.

A la semana siguiente volví a su casa habiendo leído los mensajes. “¡Es el Cantar de los Cantares que tanto me gusta!” le dije. Era noviembre de 2007. Desde entonces me invitó a participar del grupo de oración que se reunía los viernes en su casa.

Presto servicios en la Pastoral Misionera de la Diócesis, y esto me ocupa bastante tiempo, por lo que  prometí a Héctor organizar mi tiempo para el año siguiente y participar del grupo de oración, pero desde entonces recé el Santo Rosario con las meditaciones de la “guía…” todos los días y aquí tengo que confesar que no lo hacía diariamente y que cuando lo rezaba lo hacía en comunidad porque no le encontraba gusto, aunque mi director espiritual insistía en que lo recitara diariamente, “algún día el Señor te regalará la Gracia de encontrarle gusto” me decía.

A mediados de marzo del 2008 empecé a rezar con el grupo, justo un día en que Héctor estaba viajando por Chaco, pero los demás concurrían igual a la cita y me recibieron como si estuvieran en su casa. Esto también me causó buena impresión era una “casa de puertas abiertas” ¡aun ausente su dueño!  A partir de entonces no dejé de concurrir a la cita con Dios y con mis hermanos.

Héctor empezó a hablarme de una reunión ecuménica en Encarnación, Paraguay  y de llevar los libritos de mensajes a  distintas localidades de Paraguay. Comenzó también a sentir molestias en su salud y a adelgazar notablemente. En junio viajamos a una localidad del interior de Misiones donde se habían  formado 10 grupos de oración y el sacerdote no permitía reunirse en la parroquia. Héctor, luego de hablarle de Vassula y los mensajes de Dios,  le dejó varios ejemplares de la “Verdadera Vida en Dios”. Durante el viaje de ida y vuelta tuvimos que parar muchas veces por la necesidad de ir al sanitario que sentía Héctor. Constantemente pedía disculpas ¡por las molestias que causaba!

En el mes de Julio fuimos a una localidad de Paraguay a la bendición de una Iglesia Ortodoxa Ucrania; hacía mucho frío. Fuimos todos los integrantes del grupo de oración.

El segundo martes del mes de agosto fui por primera vez, acompañando a Héctor, al encuentro ecuménico en Paraguay. En la ciudad de Encarnación buscó a al presidente de la Conferencia Episcopal  Paraguaya, al superior de la compañía de Jesús y a la Sra. Cristina de la diócesis de Encarnación. En Capitán Miranda, casa de un sacerdote Ortodoxo Ucranio  nos esperaba el dueño de casa acompañado del P. Pablo sacerdote Ortodoxo Ucranio, el referente de la Iglesia Bautista, la pastora Aurelia de la Iglesia Luterana del Río de la Plata y un matrimonio de fieles laicos  de la comunidad anfitriona. Una reunión muy linda, llena de la presencia de Dios. Al final de la misma P. Demetrio ofreció un refrigerio. Mons. Gogorza me hizo notar la palidez en el rostro de Héctor y si no era conveniente regresar pronto. Así lo hicimos.

En septiembre la reunión se realizó en la ciudad de Encarnación, en la casa de la pastora Aurelia. Desde la última reunión Héctor había permanecido la mayor parte del tiempo en cama con terribles dolores. Los encuentros de oración semanales los hacíamos alrededor de su cama. No obstante ello, el segundo martes de septiembre lo acompañé a Encarnación. Buscamos a P. Silverio en su casa y pasamos a buscar a Mons. Gogorza. Bajé yo del coche, en ambas oportunidades ya que Héctor no se sentía bien. Esperando a Mons. bajó del coche sintiéndose tan mal que el P. Silverio le ofreció regresar a su casa a reposar hasta tanto se sintiera mejor para volver a Posadas. Resolvió regresar entonces a Posadas directamente, pidiendo disculpas nuevamente por la situación.

En octubre, el segundo martes, fuimos al encuentro ecuménico en casa de la Compañía de Jesús en Encarnación. Los mismos de agosto estuvieron presentes esta vez, menos el P. Pablo (ortodoxo). Fue una reunión muy linda, al igual que la primera.

El cuarto sábado de noviembre partimos rumbo a distintas localidades del Paraguay, tomando, desde Encarnación por la ruta nacional nº 1 hacia la ciudad de Asunción, capital del país.

Dejamos material a una persona de cada pueblo para que lo leyera y luego repartiera a otros y en lo posible se formaran grupos de oración. Para detectar “el distribuidor” veíamos a alguien que tuviera la puerta del frente de su casa abierta o estuviera en el patio de su casa. Así se lo presentamos al Señor en oración. Apenas salimos rezamos el Santo Rosario por esta intención. Luego de presentar la obra de la VVD preguntábamos si era posible dejarla y tomar los datos del/a interlocutor/a. Visitamos ese día: San Luis del Paraná,  Carmen del Paraná, Coronel Bogado, General Delgado, San Ramón, San Patricio, Santa Rosa  y  San Ignacio Guazú.

En el siguiente viaje, 4 de diciembre de 2008, visitamos, dejando material, San Juan Bautista, San Miguel, Villa Florida, CaáPucú, Valle Apuá, Quiindy, San Roque González, Colonia Mbocayaty, Colonia Matachí, CarapèGuá, y Paraguarí.

El 9 de febrero de 2009, salimos rumbo a Asunción, no sin antes dejar material en Yaguarón que no lo hicimos la primera vez, y algunas localidades que visitamos en el primer viaje o estaciones de servicio de la ruta.  Para entonces Héctor sabía  lo que lo aquejaba: cáncer de páncreas. Los amigos de Asunción se sorprendieron de su extrema delgadez, se compadecieron al saber lo que padecía y le brindaron tanto amor que creí ¡qué se sanaría con tantos cuidados!

El día que llegamos celebraba su cumpleaños la hija de la dueña de la casa que nos alojó. Entre los invitados se encontraba el P. Oscar Díaz, párroco de la Parroquia Santísima Trinidad, al que Héctor había visitado el año anterior estando en cama, enfermo. Ambos no se reconocieron. Uno por su delgadez, el otro ¡por su aspecto saludable! A P. Oscar le pidió Héctor le indicara una persona que distribuyera el material de la VVD en Asunción y que en una próxima visita se lo presentara. Visitamos a un pastor de la Iglesia Luterana y dejamos material luego de hablar de los Encuentros de Dios con Vassula y del deseo de unidad de los cristianos. También visitamos la Iglesia Anglicana cuyo responsable no se hallaba, dejó algunos libritos de mensajes a la Señorita Zunilda de Maldonado, que nos atendió. La tercera visita fue a una persona que ofreció distribuir en una zona de la ciudad ubicada en el otro extremo de donde nos alojamos. Todo este trayecto lo hizo con los malestares propios de la enfermedad. Caminaba con dificultad, deteniéndose a menudo, sentía mucho dolor y se apoyaba para caminar en los que lo acompañábamos.

Regresamos el tercer viernes del mes, 20 de marzo,  fecha en que se reunirían en un encuentro ecuménico, los referentes y laicos de las iglesias en Asunción, según lo había invitado el pastor luterano en la visita anterior, con la novedad de que la habían suspendido para fecha a convenir debido a la imposibilidad de encontrarse por las muchas actividades que tenían los mismos.

En esta oportunidad visitamos al P. Oscar quien presentó a Héctor un matrimonio para que distribuyera los mensajes de la VVD. Sorprendió a Héctor la condición de esta familia, muy humildes económicamente, habitantes de una villa, pero de profunda intimidad con Dios, de oración y de servicio generoso a la Iglesia y sus semejantes.

Héctor había sufrido terribles dolores el mismo día que llegamos a Asunción, para entonces se había hecho 3 sesiones de quimioterapia y presentaba un abdomen abultado por retención de líquidos. Como la primera visita a Asunción visitamos algunas localidades dejando material, pero en Asunción mismo visitamos casa por casa, hablamos de la VVD a los que nos recibían y dejamos material tomando nota de direcciones y teléfonos.

La tercera visita a Asunción me sorprendió: Héctor me avisó dos días antes de la partida, tuve que hacer varias llamadas para delegar actividades que tenía previstas para el fin de semana del 1, 2 y 3 de mayo. Mas y sabiendo que cada vez estaba más débil y dolorido. Habían invitado al Equipo ecuménico de la diócesis de Encarnación a un retiro sobre ecumenismo: Mons. Ignacio Gogorza y P. Silverio Britos se hallaban imposibilitados de participar y preguntaron a Héctor si podía ir él, representándolos. Sin dudar aceptó y me llamó para que lo acompañara. Antes de partir visitó al médico debido a que no podía comer por la presión del líquido en el estómago. El médico lo internó para extraerle líquido del abdomen. Desde el sanatorio me llamó para que terminara de resolver detalles antes de la partida. Le sugerí no hacer el viaje viendo su estado. Vertiendo lágrimas dijo que sería lo último que podría hacer por el Señor, que deseaba hacerlo fervientemente; no me quedó opción que hacer honor a nuestra amistad y acompañarlo en este viaje que para mí, en su estado ¡era una locura!

El día 18 de abril llamó a cada uno de los teléfonos de los “distribuidores” de las localidades que visitamos en los viajes anteriores, preguntando si necesitaban más material.

Con el Directorio Para la Aplicación de los Principios y Normas Sobre Ecumenismo, leímos y reflexionamos sobre los tres primeros capítulos. Estuvo presente el Obispo de Nuestra Señora de Caá Cupe, y fue coordinado el encuentro por la Sra. Diana del movimiento de los Focolares. Finalizó con la Santa Misa a las 15,30hs. Agendamos el siguiente retiro para el receso de julio donde trataríamos los dos capítulos restantes.

Terminado el retiro, visitamos a los amigos de Asunción. Llevamos material al matrimonio recomendado por P. Oscar: María Concepción y Eladio, quienes le causaron una profunda alegría: habían distribuido el material con tanto entusiasmo que lo propagaron con éxito, lo fotocopiaron, y esperaban ansiosos más material. Al terminar esta visita Héctor se expresó satisfecho: “misión cumplida en Asunción, la Verdadera Vida en Dios tiene asegurada su propagación”. Al día siguiente regresamos hacia Posadas, saliendo de Asunción pasamos por la ciudad de Itá, que no habíamos dejado material hasta entonces, dimos vuelta a la plaza y vimos una mujer en el patio. Bajé y ofrecí la Verdadera Vida en Dios, la mujer me invitó a pasar y bajé material del baúl del coche de Héctor. Con mucha dificultad también Héctor bajó del coche. Tomó nota de sus datos: ¡era la hermana de Mons. Echagüe! Al salir dimos gracias a Dios! Lo alabamos con lágrimas. Este viaje fue especial, lleno de emoción, de detalles que nos decían de la presencia delicada y providente del Padre Dios (¡ya que sus instrumentos eran tan débiles!). El resto del viaje de regreso me fue dando instrucciones para seguir la tarea; los contactos estaban hechos, el camino de difusión se había iniciado… incluso nos habían preguntado sobre la posibilidad de una visita de la Sra. Vassula a Asunción.

A partir de entonces empezó a reescribir, corregir y agregar detalles al libro de oración, para luego llevarlo a la imprenta. Un virus en el programa no lo dejó terminar. El 1º de junio me llamó para que tomara nota de los pasos a seguir, “pensé que tendría tiempo de sacar la publicación de la imprenta, pero el final se me vino encima”, dijo. Un nudo cerró mi garganta. Había hecho una entrega a la imprenta de pesos 2.000,00 y me entregó pesos 3.500,00 que faltaban, para entregarlo al retirar lo impreso. A partir de allí su oración era de acción de gracias por los dos años que el Señor le regaló para que pudiera conocerlo y acercarse a Él. Rezamos mucho. “Que se haga Tu voluntad” era su jaculatoria más frecuente. “Cuando digas, Señor” entre espasmos de dolor,  y adoptó una frase que halló en el libro del profeta Amós “saltaré de gozo cuando te vea llegar” decía que eran palabras del Señor para él. Esperaba ansioso el momento del “encuentro”. De vez en cuando decía “lo único que me inquieta es la inseguridad de saber si me voy a salvar”, “ten piedad de mi Señor, porque soy pecador” “confío en Tu infinita misericordia”.

Elijo para retratarlo una visita que hicimos a un enfermo de diabetes al que le amputaron la pierna y que se había definido ateo. Este se quejaba de su condición diciendo que no lo aceptaba. Cuando protestó por la cantidad de hijos que tenía una mujer de condición muy humilde que pasaba en ese momento frente a su casa Héctor dijo “cuando veo tantos niños me alegro de pensar ¡cuántos más tienen la posibilidad de conocer y amar a Dios!”. Lo visitamos dos veces, la última vez, el hombre lo despidió con lágrimas porque se imaginaba que no lo volvería a ver por la precariedad de la salud de Héctor, que ya caminaba con mucha dificultad. Cuando salimos de allí manifestó: “hay que amarlo mucho para que a través de nuestro amor pueda conocer a Dios, que es El Amor”

Anselma, Consagrada Laica Diocesana.  Misiones, Argentina. – Octubre 2009 (9).

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