Una parte de mí lloraba pero en mi mente decía: “esto no me puede estar pasando a mí”.

El testimonio del inicio de mi camino de conversión podría ocupar varias páginas.  Sobre mi formación religiosa antes de ella basta decir que no sabía rezar el Padre Nuestro ni el Ave María completos aunque había recibido algo de catequesis de pequeña, la cual se vio interrumpida por un problema familiar, y cuando la preparación de mi hija para la primera comunión. Sin embargo nunca me había confesado ni comulgaba y le tenía un temor irracional a los sacerdotes.

Pero en enero de 2002 escribí en Yahoo: “Dios ayúdame”, al mismo tiempo que pensaba: “Dios debería hablarle a las personas de alguna manera, y ayudarlas”. Y entre los diversos títulos, mi vista se fijó en una frase “Yo soy la Luz… Eres amada por Mí” y  entré a leer el primer Mensaje de la VVD. Jesús conversaba amorosamente con una mujer, que no era ni monja, ni santa. Miraba la pantalla y consternada me decía: “¡¿cómo es posible que Dios le hable a la gente y nadie lo sepa?!”

Luego de leer los Mensajes por cerca de un mes, me di cuenta que el Señor me pedía confesarme con un sacerdote. “No Señor, ¡eso no es para mí!” dije.  Hasta llegué a decirle: “no entiendo que hacés colgado de esa Cruz”. En julio tuve la primera manifestación de la Visita del Señor. Yo no sabía de estas Visitas en ese entonces. Tuve una manifestación de Su Presencia que a veces percibía como calor en el corazón, o como latidos muy rápidos. Comencé a darme cuenta de la gravedad de mis pecados, en especial uno al que la “Voz” que sentía dentro mío llamaba el pecado raíz, y que amorosamente me pedía que buscara en la profundidad de mi ser. Luego lo identifiqué con el orgullo y la vanidad. Una tarde, inesperadamente, tuve una visión estando presentes mi marido y mi hija. Una parte de mí lloraba pero en mi mente decía: “esto no me puede estar pasando a mí”. Pero me rendí y al día siguiente, 28 de julio, me fui a confesar por primera vez a los 51 años de vida. Con la lectura de los Mensajes entendí que el Señor quería que conversara con Él. También me invitó a no trabajar tanto y a dejarme amar. Un mes después estando en una misa, me di cuenta que no había confesado el aborto a los 21 años de un hijo, al que luego le puse el nombre de José Francisco. Y fui a confesarme otra vez con el mismo sacerdote de la primera confesión (*). Mientras rezaba frente a una imagen de la Virgen de Luján me vi a mi misma negra como el carbón. Luego le pregunté al Señor qué quería de mí siendo tan mala. Jesús no dijo nada pero tiempo después leyendo a Isaías 65,1 y Lucas 14,21-24 y meditando el mensaje del 29.10.91 me di cuenta cómo es que el Señor me había llamado.

Hasta el día de hoy rezo las tres oraciones tradicionales que Jesús y la Virgen recomiendan rezar a Vassula. El primer encargo del Señor fue orar por los sacerdotes, por la unificación de las fechas de Pascua y por las almas del purgatorio y lo sigo haciendo hasta hoy. También través de la meditación de la VVD  me di cuenta que debía pasar tiempo con la Virgen y que podía llamarLa Mamá. Ella me compartió una gracia que me acompaña desde entonces y nos unió con mi marido como nunca antes.

En 2003 comencé a ir a los grupos de oración de la VVD y continúo concurriendo. Allí aprendí a meditar la Biblia además de los Mensajes y conocí a mis hermanos en Cristo, quienes con sus virtudes y también con sus defectos me ayudan a cultivar la humildad y la paciencia, así como me sostuvieron con la oración en los momentos de la prueba.

En el 2009 la enfermedad y la aflicción visitaron mi hogar, y cuando el demonio nos tentó a la desesperanza, recordamos que Dios ha bendecido y unido los corazones de nuestra familia con una cadena como la del rosario como lo vi en la visión que me regaló el Señor aquella tarde de julio de 2002.-

(*)             En la parroquia donde confiesa preside el altar una representación de la Santísima Trinidad con una imagen del Espíritu Santo semejante a la paloma que se dibujó ante mis ojos en la visión del día anterior a mi primera confesión.

Ana María., Ciudad de Buenos Aires, Argentina, – 8 de mayo de 2014.  (22)

Un pensamiento en “Una parte de mí lloraba pero en mi mente decía: “esto no me puede estar pasando a mí”.

  1. Testimonio admirable y conmovedor. La vida se vuelve dulce, a pesar de las pruebas, cuando estamos reconciliados con el Señor, que nunca se cansa de perdonarnos.

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