No frecuentaba la Iglesia Católica, ni participaba de los Sacramentos.

Mi nombre es Sandra, tengo 49 años, fui bautizada a los 19 años en la parroquia María Reina de Lomas del Mirador, Prov. de Buenos Aires – Argentina. Desde chica, aproximadamente a los 10 años de edad, sentí el Amor de Jesús en mi corazón cuando mi padre atravesaba episodios de asma. Aún no estaba bautizada pero prometí al Señor después de ésta experiencia aprender a rezar si mi padre se curaba, ya que era muy chica y aún necesitaba su guía. Al poco tiempo cesó el asma.

Cito este Mensaje extraído en oración, del 31-03-95 – Volumen VI

“Aunque tu mente se había hundido en un profundo olvido, Mi Misericordia vino en tu ayuda y te rescató, curándote. Yo dije: “Yo Me convertiré en su Esposo, su Educador y su Protector y ella será Mi novia, Mi alumna y Mi niña, y Yo la conduciré por una carretera maravillosa, sus pies pisarán sobre zafiros. Yo seré luz de las estrellas mientras cruza lóbregos valles, y su bastón y cayado cuando sea perseguida y cazada. Aunque esté atravesando desiertos y valles, nunca tendrá sed o hambre. Yo seré su copa y mi cuerpo será su alimento.”

Tal vez mi acercamiento hace seis años a la Verdadera Vida en Dios y su influencia para bien de mi alma no tenga que ver con mi conversión; sino más bien con una fe madura, ya que hasta el momento de ingresar a los grupos de Oración, leer La Palabra de Dios y los Mensajes transmitidos a Vassula, no frecuentaba la Iglesia Católica, ni participaba de los Sacramentos, ni rezaba el Santo Rosario.

Hoy, además de participar en uno de los grupos de Oración de la VVD, participo en un grupo de oración peregrinando a la Santísima Virgen María bajo la advocación Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús. Habiendo leído los Mensajes de la VVD y los Mensajes de esta advocación de la  Virgen experimento la Presencia Viva de Jesús en la Sagrada Eucaristía y el inmenso Amor y Misericordia de Él hacia mí y todos los hombres.

Mensaje del 15-06-95: Curaré a muchos más mediante estos Mensajes.

“Tu Palabra, Mi Rey, es un bálsamo curativo. Cuando mi vida era más vil que la arcilla Tu Palabra fue pronunciada en mi oído y lo invisible se hizo rápidamente visible, y como un mundo desconocido para mí, como luz desconocida para el ciego, de repente todas las cosas estaban brillando con una luz resplandeciente, como estrellas radiantes que iluminan los cielos de noche. Tu Palabra me dio vista para entrar en Tu Misterio. Yo te bendigo, mi Señor; pues ahora Tu Amor es visible ante mis ojos, llevando a mi alma a vivir en lealtad a Ti por siempre jamás”.

Sandra Viviana L., ciudad de Buenos Aires, Argentina. – 6 junio de 2014

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