El plan de vida que Dios eligió para mí es perfecto: me fue enseñando para la unidad en la diversidad.

Publicado domingo 12 de abril de 2015 en que coinciden el Día de la Pascua de Resurrección en las Iglesias ortodoxas y el Día de la Fiesta de la Misericordia en la Iglesia Católica.

La Verdadera Vida en Dios es mi guía espiritual. En Octubre una amiga me avisó que Vassula venía a Argentina por segunda vez y fui a la iglesia Nuestra Sra. de Narek el 16 de octubre de 1995; me encontré en un lugar lleno de Alegría y cánticos. Así conocí a Vassula. ¡¡¡No podía creer lo que estaba escuchando!!! (Pues desde que era muy chica mis padres pero, aún más mi mamá, nos decían: ¡¡¡qué escándalo, unos cristianos decimos Jesús Resucitó!!!! En verdad Resucitó!!! y otros están de cuaresma!!!! O viceversa. ¿Qué es esto?) Así me crie con las quejas lógicas de la cristiandad dividida, pues nosotros somos Católicos Apostólicos Ortodoxos, en un país, Argentina, casi en su totalidad, Católicos Apostólicos Romanos y donde me preguntaban: ¿ustedes, creen en la Santísima Virgen? Ahí me tocó sufrir más ¡¡cuán poco Nos conocemos!! Mis padres decidieron enviarnos a mi hermano y a mí a colegios religiosos Católicos Romanos en época preconciliar. Había que explicar a mi directora, maestros, profesoras y compañeros, que en los días jueves y viernes Santo Ortodoxo no asistiría a las clases; preguntas, preguntas y más preguntas. Algo que no sabía cómo explicar ¡¡gran prueba!! En el colegio los primeros viernes de cada mes se celebraba Misa, Eucaristía y Adoración en conmemoración del Sagrado Corazón. Yo era la única que quedaba en el banco de la capilla sin poder comulgar. Pero lo peor fue un día, en la clase de religión, el capellán nos explicó que los miembros de mi fe eran considerados “cismáticos”, y que mediaba un anatema, entre la Iglesia romana y la oriental, palabra ésta que yo desconocía por lo que, tímidamente, pregunté qué quería decir. Y el Padre me respondió que era una excomulgada, que no pertenecía a la Iglesia. Mi rostro se tornó púrpura y mis lágrimas caían por mis mejillas, tenía nada más que 13 años. Pasado el shock, yo me arrodillaba en la capilla delante de la imagen hermosa de Cristo con su rostro tan bello con túnicas celestes, con el Sagrado Corazón al rojo vivo en el retablo sobre el altar, y le preguntaba. “¿Me perdonas? Porque acá me dicen que no te pertenezco, ¡pero yo te quiero!” Todo esto me fortaleció y fui aprendiendo las diferencias de ambas, la Iglesia Oriental con la Occidental. Durante la semana escolar asistía a la Capilla Romana del Colegio, y todos los domingos, en familia, asistíamos a la Sagrada Liturgia de la Iglesia Ortodoxa. En mi corazón la Iglesia ya era una, la que Jesús fundó el día de Pentecostés. El Santo Padre Juan XXIII con el Concilio Vaticano II y el Santo Padre Pablo VI y el Patriarca Su Eminencia Atenágoras, levantaron el Anatema y ¡¡¡ya no éramos excomulgados ni herejes!!! ¡Gracias a Dios!

Volviendo al encuentro en Narek, ¡no podía creer lo que estaba escuchando! Era la primera vez que escuchaba de otras personas lo que mis padres me enseñaron toda la vida: la unificación de las fechas de las Pascuas, y que la iglesia sea Una. Al final de la charla saludé a Vassula como si la conociera de toda la vida, era lo que mi alma ansiaba escuchar, la mejor sorpresa que tuve en muchos años; allí compré el primero y segundo libro de los mensajes que  leí en 2 días, sin dormir. Así aprendí cómo Dios nos quiere, cómo nos ofrece generosamente la intimidad con Él, El “Nosotros”, cómo nos enseña a perdonar, a pagar el mal con el bien y, sobretodo, cómo es su amor hacia nosotros y quiere divinizarnos. Descubrir su gran Amor a nosotros los miserables, los nada, me ha enriquecido espiritualmente porque con todo su amor, nos pide ser uno con Él, ¿qué más queremos?; por supuesto que también nos pide ser “almas víctimas”. Y así, con parte de mis amigos y compañeros de los grupos de oración de distintas tradiciones cristianas, decidimos consagrarnos al Sagrado Corazón de Jesús y al Sagrado Corazón de María, y convertirnos en una familia que desde hace muchos años compartimos una parte importantísima de nuestra vida y espiritualidad. Gracias Santísima Trinidad, Gracias Madre Santa, Gracias Vassula por tu fidelidad. El plan de vida que Dios eligió para mí es perfecto, me fue enseñando para la unidad en la diversidad. ¡Cómo se abrió mi mente! ¡¡¡Nosotros!!!

Sofía T., Ciudad de Buenos Aires, Argentina – 26 de junio de 2014 (3)