Un testimonio

Desde Mendoza, Argentina bajo la luz de nuestro Señor:

Mi nombre es Fabián Cavero, nacido y criado en Mendoza en una familia católica por herencia y formación. El Señor siempre estuvo a mi lado, pero en las distintas etapas de mi vida nunca asumí el verdadero y real compromiso que significa sentirse hijo de Dios.

Recién cuando la vejez de mis padres me hizo caer en la cuenta de los ciclos que la vida nos depara y ante la sensación que ellos pronto me dejarían, asumí una búsqueda que me llevó desde probar medicina alternativa, control mental, yoga y cuanta opción la humanidad ponía en mi camino, sin caer en la cuenta de que ello no serviría de mucho, hasta que fue mi padre quien se marchó primero. Entonces caí en la cuenta que nada de lo probado servía en dichas circunstancias.

Fue entonces que Dios puso en mi camino a dos hermanos con la sabiduría que solo el haberse alimentado de su palabra durante mucho tiempo dá, Juanita y Carlos, una pareja que trabaja para Dios y con compromiso de vida hacia su comunidad, quienes me invitaron a participar de sus grupos de oración, luego de los ejercicios de San Ignacio de Loyola y más tarde de su acción solidaria en un comedor abierto para alimentar a un grupo de niños, jóvenes y mamás embarazadas de la zonas marginales de mi región.

Sin darme cuenta comencé a trabajar para una comunidad nueva como catequista, tarea que desempeñamos junto a Carmen, mi esposa , durante los años de escolaridad de mis hijos en otra comunidad.

Durante este nuevo caminar, conocí al párroco de la comunidad ,quien en una oportunidad nos invitó a una reunión ecuménica, palabra que me resonó durante mucho tiempo ya que mi buen amigo y compañero de estudios perteneciente a la Iglesia metodista, trabajó durante mucho tiempo para una Fundación Ecuménica y me mostró lo mucho que trabajaron solidariamente desde allí.

Fue entonces que asistí a la primera charla informativa sobre la Verdadera Vida en Dios (VVD), conocí quién era Vassula Ryden y escuché la dulzura con que Dios se dirige a nosotros y lo profundo de sus mensajes. Conseguí entrar a Internet y bajar la página, compré mi primer libro y me auto invité al grupo de oración que ya estaba formado desde hacía algunos años acompañado de la mano de Leonor. Fue una experiencia muy particular y en la que crecí muchísimo con información y la palabra con que el Señor nos mostraba su presencia.

Luego, la salud de mi madre y mis compromisos dificultaron mi constancia en dicho grupo, pero permanecí vinculado a ellos en la oración por sus intenciones y las mías. Ya de la mano de mi Señor y con mi fe puesta en Él, me tocó despedir a mi madre en circunstancias que ameritan otro testimonio, por lo hermoso, gracias a lo aprendido en el grupo de oración y a la oración. Fue totalmente distinto a lo experimentado con mi padre.

Hoy, ya casi a un año de estas vivencias muy profundas, hablando con Juanita recibo la invitación para un nuevo grupo que trabajaría desde el comedor comunitario y con miras a unir ambos extremos del ovillo.. de mis experiencias con Jesús y nuestra madre María.

Y meses después, sorprendentemente, recibiríamos la visita nuevamente de quien ya no era extraña para mí: Ana Lizarralde, de quien conociera ahora mucho más a través de los boletines que Pablo enviara desde Buenos Aires, luego que en la primera visita dejara mis datos y mostrara interés por la VVD.

En el balance, puedo observar como el Señor se encarga de ir ordenando las cosas para que todo se concrete, como en una gran orquesta donde todo está afinado en su lugar y a su tiempo, solo nos pide nuestra entrega de corazón y la confianza, aún cuando a nuestros ojos pareciera que es una gran tormenta, la que se avecina, Él se encarga en nuestra propia nariz de transformarla en un día soleado, o, mostrarnos la importancia de ese aguacero que nos asustaba y cuán importante era en momentos de aridez.

Quiero hacerles llegar este humilde testimonio a aquellos que dudan, o aún no han sido capaces de darle toda su vida al Señor, para que esperen en Él, ya que sus tiempos no son los nuestros, y cuando ese tiempo llegue se animen y entreguen, luego Él les dará ciento por uno y ya no podrán negarse a su AMOR.

Los abrazo desde mi corazón en los dos corazones Fabián Cavero

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