«Es necesario poder pensarnos como parte de una única familia humana».

Agradezco a la comunidad de la Verdadera Vida en Dios la invitación a participar de estos días de peregrinación en Rumania. Agradezco también la oportunidad de compartir con ustedes algunas ideas acerca del diálogo interreligioso.
Quiero recordar el encuentro que tuvieron en Abu Dhabi en 2019 el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb. Allí los líderes religiosos centraron su mensaje en la capacidad que tiene el ser humano de trabajar para construir la convivencia y la paz, destacando que dicha capacidad eleva y dignifica el espíritu humano. Las religiones le otorgan a la vida humana un sentido trascendente y espiritual que nos invita a vivirla en términos de fraternidad.
En el documento que escriben juntos sobre la fraternidad humana, por la paz y la convivencia, nos dicen:
Que esta declaración sea una invitación a la reconciliación y la fraternidad.
Que sea un llamamiento a toda conciencia viva que repudia la violencia y ama los valores de la tolerancia y la fraternidad.
Que sea un testimonio de la grandeza de la fe en Dios que une los corazones divididos y eleva el espíritu humano.
Que sea un símbolo del abrazo entre Oriente y Occidente, entre norte y sur, y entre todos los que creen que Dios nos ha creado para conocernos, para cooperar entre nosotros y para vivir como hermanos que se aman.
Esto fue hace siete años. En este tiempo el mundo ha profundizado sus dificultades, pandemia, guerras, divisiones ideológicas, migraciones masivas, desequilibrios ecológicos, el deterioro de los organismos multilaterales etc. De modo que nuestro mundo actual exige más que antes fraternidad, trabajar por la justicia y la paz, el diálogo y la escucha. Esto supone un esfuerzo por cambiar la mirada y considerar el bien común por sobre el individual. Es necesario poder pensarnos como parte de una única familia humana. Por lo tanto, en el momento histórico que nos toca vivir el diálogo interreligioso ya no lo vemos como una posibilidad si no como una necesidad.
Vemos como una necesidad aprender a ver al otro en relación con nosotros y descubrir el valor sagrado que nos une, el valor de nuestra común dignidad humana. Un valor sagrado que está en cada ser humano, y que es cada ser humano.
Si bien, como dijimos recién, las dificultades son muchas, no podemos dejar de animarnos a soñar juntos un mundo más fraterno, sabiendo que para un hombre o una mujer de fe la Esperanza siempre es mayor que cualquier dificultad.
Ahora bien, este planteo nos lleva a repensar el modo en que vivimos y en qué medida nuestros valores comunes se traducen en una determinada manera de vivir. ¿Es posible para nuestro mundo pensar en el amor y la humildad, el respeto y el diálogo como un estilo de vida, como un modo de comprender la vida, y que a su vez sea realizable en las distintas culturas? ¿Es real un ideal de estas características? ¿Qué mediaciones concretas serían necesarias para aproximarnos a él?
Como creyentes es necesario pensarlo, proponerlo e intentar vivirlo.
Que la luz de la fe ilumine y convierta nuestros corazones y nos ayude a vernos a nosotros mismos y a los demás con otros ojos, a ver la historia con un sentido esperanzado, un sentido de la vida como un don, un don que se comparte y nos anima a trabajar juntos por un mundo más fraterno y en paz.
Dicho esto, considero que las religiones en nuestro mundo convulsionado están llamadas a la tarea de tender puentes entre los distintos actores y espacios de la sociedad, especialmente donde el diálogo y el respeto tienen obstáculos y dificultades, donde los derechos humanos son vulnerados. Como hombres y mujeres de fe estamos llamados a dar testimonio de la dignidad humana y del valor y la importancia del encuentro entre personas. Testimonio de que es el amor lo que, en definitiva, da sentido a nuestras vidas. Mesas de diálogo, corredores humanitarios, contención de los desplazados y excluidos, y tantas otras situaciones nos invitan a tomas posturas humanitarias a favor de personas concretas. Estamos llamados a anunciar en el mundo el valor y la dignidad de cada ser humano, sin lo cual todo proyecto de un futuro común quedaría seriamente dañado.
Unas últimas palabras dedicadas a la Verdadera Vida en Dios. Una vida transformada por el Espíritu y que se expresa en un estar creyente y esperanzado en el mundo concreto, con sus luces y sombras. Una vida que, como ya hemos dicho, hace del amor, de la humildad y el diálogo un estilo de vida. Una vida frágil y limitada pero que a su vez, iluminada por Dios se transfigura y agranda su horizonte. Que no se aísla sino que se comparte con los demás. Una vida que se siente parte de la familia humana peregrina en la historia y que no está sola, que Dios la acompaña en este camino.
Padre Carlos White.
“Unity from the Heart”
Cluj, Rumania.
Septiembre 29, – Octubre 5, 2026
https://vvedargentina.org/testimoniosrumania_2026/