Eucaristía y Reconciliación.

Buenos Aires, 24 de octubre 2020. III Encuentro virtual

Buenas tardes. Es nuestro deseo reflexionar, hoy, acerca de dos sacramentos: La Santa Eucaristía y la Reconciliación.

Sería muy lindo que pudiéramos comenzar, haciendo memoria del día en que recibimos a Jesús Eucaristía por primera vez. ¿Qué recordamos de ese día? ¿Cuál era el contexto personal, familiar?  

Poder recibir al Señor Eucaristía, es una enorme gracia.

Es bueno hacer memoria por dos motivos: para agradecer y para revisar. Agradecer al Señor por la enorme gracia de poder recibirlo, a lo largo de todo este tiempo. Y hacer memoria para también revisar, nuestra respuesta al Señor.

Revisando: podríamos preguntarnos cuanto hemos crecido en relación a Jesús Eucaristía ¿cuál es nuestro grado de conciencia cada vez que comulgamos?

El testimonio de algunos santos que nos precedieron podría ayudarnos.

San Alberto Hurtado S.J. (Pensamientos sobre la Eucaristía)

“Esta maravillosa presencia de Cristo en medio de nosotros debería revolucionar nuestra vida. No tenemos nada que envidiar a los apóstoles y a los discípulos de Jesús que andaban con Él en Judea y en Galilea”.

San Francisco de Asís.  “El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote”.

Madre Teresa de Calcuta. “Nuestra vida tiene que desarrollarse en torno a la Sagrada Eucaristía…. fijen los ojos en Aquél que es la luz; acérquense de corazón a Su Divino corazón; pídanle que les conceda la gracia para conocerlo. Amor para amarlo. Valentía para servirlo. Búsquenlo con todas sus fuerzas. “

Veamos que nos dice Jesús en Juan 4, 10…” Si conocieras el don de Dios.”

Somos débiles, muchas veces caemos en la rutina, en una especie de somnolencia y no percibimos el Gran Milagro Eucarístico que se produce en el altar en cada misa y se nos ofrece como alimento para que tengamos vida.

También El Papa Francisco nos llama la atencióny nos dice: “Estamos llamados a crecer en el conocimiento del gran don que Dios nos ha donado en la Eucaristía. La Eucaristía es un suceso maravilloso en el cual Jesucristo, nuestra vida, se hace presente. Participar en la misa «es vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor. Es una teofanía: el Señor se hace presente en el altar para ser ofrecido al Padre por la salvación del mundo». El Señor está ahí con nosotros, presente. Muchas veces nosotros vamos ahí, miramos las cosas, hablamos entre nosotros mientras el sacerdote celebra la Eucaristía… y no celebramos cerca de Él. ¡Pero es el Señor!”

Y más allá del estado de nuestra alma, del grado de conciencia o no, el Señor viene a nosotros, desea que lo recibamos.

Podemos sentir la tentación de decir no debo recibirlo, no soy digno. O la tentación de ir a misa y no comulgar por diferentes razones.

 Nadie es digno de recibir al Señor.  Pero Él Señor nos invita a acercarnos, recibirlo y entregarle todas nuestras debilidades y miserias para que Él pueda aniquilarlas en Su Fuerza y Misericordia.

En el mensaje de la VVD del 27/4/1987 Vassula expresa que se dio cuenta que era indigna de recibir al Señor, cuál fue su actitud y que le respondió el Señor.

Me siento incapaz de acercarme a Él. ¿Quién soy yo para acercarme a Él? Me di cuenta cuán indigna soy. ¿Cómo puede uno siquiera permitirse el atreverse a hablar con Dios? Nosotros, que somos un grupo de pecadores ingratos. Mucho menos pedirle favores, y aún menos, ¡tener ‘conversaciones’ con Él! ¡Somos tan mezquinos e indignos que eso me hace sentirme enferma! Siento el deseo de ponerme una mordaza sobre mi boca, y en Su Presencia, donde yo me encontraba, en mi mente, puse un velo entre Él y yo por respeto a Su Presencia.

Hija, ¿qué has hecho? ¿Por qué, hija, por qué?

Para respetarte, Señor mío.

  Quiero que tú comas. 

Vi en Su Mano Pan.

Toma Mi Pan, pequeña. Tienes que retirar ese velo para tomar Mi Pan. Ven.

Yo quitaré esa separación… Ten, toma Mi Pan, ¡acércate! 

Lo hice. Tomé el Pan de Su Mano.

¿Te das cuenta qué Contento estoy cuando te alimento?

Jesús estaba lleno de Amor y Feliz.

¿Puedes sentir Mi felicidad, Vassula? Tráeme tus debilidades y tu miseria para que Yo las pueda aniquilar en Mi Fuerza y Mi Misericordia. Palomita, vuela libremente, pero siempre regresa a Mí y toma Mi Pan. Yo te amo. 


Yo también Te amo, Señor.

Después de esto, durante todo el día, sentí Su Amor en Mí. ¿Cómo podría llamarlo? “¿Un estado de éxtasis?” Al estar de esta manera, he sentido Su Presencia aún más que de costumbre.

El Señor siempre pide un poco más. Nos recibe tal cual como somos, pero nos alienta a progresar. A medida que vamos caminando con el Señor, Él nos va transformando, nos da la gracia de una mayor conciencia de lo que significa este Sublime Sacramento del Altar y pide de nosotros un corazón puro y una respuesta de amor. Nos ofrece el medio para lograr la santificación. El reciente nombrado beato Carlo Acutis decía: “La Eucaristía es la autopista al cielo” . Carlo , un adolescente, y sin embargo  un adorar profundo de Jesús Eucaristía desde su Primera Comunión.

No debemos dormirnos y tener plena conciencia de Quien es Aquel que se nos dá, que nos une y que nos purifica.

En el mensaje del  29.12.89, Jesús nos dice:

La paz sea contigo, adórame y ámame en Mi Santa Eucaristía. Ven y recíbeme en Mi Sacrificio como un cordero sin mancha. Debes venir a Mí pura.

Si tan sólo se dieran cuenta de cómo Yo estoy presente en Cuerpo y en Sangre, en los que he ganado una redención eterna para todos ustedes, se acercarían a Mí sin mancha y con respeto. Por Mi Amor Infinito, Me he ofrecido como el Sacrificio perfecto para purificarlos a todos del pecado.  Yo quiero que todos ustedes comprendan plenamente este Sacrificio. Sí, quiero alentarlos a comprender lo que Yo les ofrezco y así incitar en ustedes una respuesta de amor. 

Este Sacrificio puede conducirlos hacia la santificación y la divinidad, hija Mía. Puede lograr en ti Mi propósito y llevarte a la perfección eterna. Mi bienamada. Mi sacrificio es para la eternidad, y tú, a quien ama Mi alma, Lo puedes recibir cada día. 

En este momento santo, Mi Santuario está lleno de ángeles de cada orden, listos a reunirse Conmigo, su Dios. Postrados, yacen en adoración por Mí, consolando Mi Corazón. Y tú, que estás lista para recibirme, ¿no Me adorarás? ¿No Me vas a venerar?

Estén conscientes de Mi Santa Presencia. No se duerman en Mi Presencia. No permitan que su espíritu revolotee hacia otra parte ante Mi Presencia. ¿Se hubieran permitido a ustedes mismos estar aletargados si hubieran estado al pie de Mi Cruz, en el Gólgota? Mis bienamados, ¿cómo se hubieran sentido si hubieran asistido a Mi Crucifixión en el monte? ¿Hubieran permitido a su espíritu llenarse con los sucesos insignificantes del día? ¿O se hubieran postrado al pie de Mi Cruz para adorarme a Mí, su Dios? Yo morí por ustedes en la Cruz ignorando los sufrimientos que tuve que soportar. ¿Se permitirían, entonces, estar distraídos e indiferentes frente a Mi Sacrificio? Yo estoy presente en Mi Tabernáculo, como estaba presente y clavado en Mi Santa Cruz.  Entonces, vengan a Mí esta vez, con plena conciencia de Quién Es Aquel a Quien que están recibiendo y de Quién Es Aquel que los une para purificarlos, dándoles Vida eterna…


La respuesta que el Señor espera de nosotros es exigente, nos pide ser santos. Pero al mismo tiempo nos anima a pensar que la santidad es posible, no está fuera de nuestras posibilidades si permanecemos junto a Él. Si permanecemos unidos a Él como el sarmiento permanece unido a la vid.

Santa Teresita del Niño Jesús decía “Cada alma es libre de decidir qué porcentaje de sí misma darle a Dios: si un 20 o 50 o 100 %”.

En el mensaje del 9.02.1990 el Señor nos dice como lograr ser santos.

  • Amados, a ustedes a quienes ama Mi Alma, Yo les digo solemnemente que deseo oraciones que salgan del corazón. Deseo que oren por todos los obispos y los sacerdotes. Deseo que escuchen todas las enseñanzas de aquellos que Me representan. Deseo que ayunen y hagan penitencia. Deseo que reciban Mi Sagrada Eucaristía, tan a menudo como puedan. Deseo que acudan a la Confesión, por lo menos una vez al mes. Deseo que lean diariamente un pasaje de las Escrituras. Deseo que reparen por otros, sacrificándose. Deseo que recen el Rosario y, si es posible, los tres Misterios. Mi objetivo es volverlos de regreso a la divinidad y que vivan en santidad, porque Yo soy Santo. Estos son Mis Principios.  Yo deseo su abandono diario.

    Yo soy la Fuente del Amor y todos ustedes pueden extraer de Mi Corazón para dar este Amor a los otros. Luego, Yo quiero que aprendan a adorarme y que recuerden constantemente Mi Presencia. Mi Presencia es también un Misterio. Ustedes deberían recordar siempre que NUNCA están solos. Yo estoy siempre con ustedes. Alcancen la perfección… que esta tierra seca prospere… No les estoy pidiendo cosas desconocidas, ni fuera de su capacidad. Yo les estoy pidiendo todo lo que es santo y todo lo que Yo tengo es Santo. Mi Cuerpo es Santo, por eso vengan y coman Mi Carne y beban Mi Sangre, pues quienquiera que viene a Mí, no lo rechazaré. Yo soy el Pan de Vida.
(RECONCILIACION) Antes de acercarnos a Jesús Eucaristía, hay algo más que debemos recordar. El Señor nos pide reconciliarnos con Él. El Señor permanentemente nos pide a través de Sus mensajes arrepentimiento. Debemos pedir la gracia de poder ver cuáles son nuestros pecados y luego arrepentirnos de corazón para que Él pueda transformarnos. Recuerdo una imagen, sencilla, familiar, de todos los días que nuestro p Severino, sacerdote de mi capilla, utiliza para ayudarnos a entender. Él nos dice: imagínense que entren a la ducha, abren el grifo, y reciben toda esa agua. Ahora bien, imaginen que entran con un paragua y lo abren, esa agua ya no puede llegar a ustedes. Así pasa con nosotros, Dios derrama abundante gracia para cada uno de nosotros, pero no llega si hemos puesto barreras en nuestro corazón.  Debemos pedir recibir al Señor Eucaristía con un corazón puro, con un corazón contrito. Debemos aceptar reconciliarnos con Él en el sacramento de la Reconciliación con un sacerdote. Y hacerlo frecuentemente, una vez por mes, por lo menos, le pide Jesús a Vassula y nuestra Madre en sus apariciones.  El papa Francisco siempre nos repite: Dios no se cansa de perdonar, ustedes no se cansen de pedir perdón.  
Veamos que le dice Jesús a Vassula en el msm del 22.10.1996
Hija de Mi Iglesia, si tú permaneces obediente a Mi Iglesia, no Me fallarás… Confiesa tus pecados a menudo, admitiendo que eres una pecadora, para que la Víbora, el padre de las mentiras, sea incapaz de engañarte… Con tu arrepentimiento siempre producirás el fruto apropiado: el fruto del amor; así que ven y crece en Mi Amor…

28.01.1997 Aprenderás en el jardín de Mis Oídos que Mis Oídos están abiertos a quien Me invoca sinceramente, y viene a Mí  en pureza de corazón arrepintiéndose como un libro de lamentación en voz alta, insistiendo en su miseria, su indignidad, y en cómo Me han fallado. Ante este sonido, Mi Corazón salta de su sitio. Ese sonido de contrición les conducirá a Mi Corte. Para que vuestros oídos escuchen Mi Voz tendréis que bajar vuestra voz. Ven y aprende cómo respondo y libero al miserable y al pobre que Me llama. Apela a Mí y Mis Oídos oirán tu súplica y vendré a salvarte. Yo escucharé tu llamada. Mis Oídos son sensibles.

Mensaje del 26/2/1991

La riqueza es convertirse, la riqueza es admitir que tú eres un pecador y venir a Mí, humildemente, arrepentido, y llevar una vida santa siguiendo Mis Preceptos.

También Nuestra Madre nos llama al arrepentimiento en el mensaje del 23.04.1993.


Cuando uno se decide por Dios, se debería dejar todo para seguirle. Todo lo que haces no es en vano. Vassula, un bautismo va a llegar, y ¡qué bautismo va a ser!

Jesús va a bautizar la tierra con Fuego.

Hasta entonces Yo seguiré apareciéndome. Por eso ahora es el tiempo del arrepentimiento; ahora es el tiempo de la reconciliación. Yo os digo, queridos hijos, que el sacrificio que Dios os pide hoy es que cambiéis vuestras vidas y viváis santamente. Dios pide a cada alma que se arrepienta. No digáis que sois demasiado miserables para que Dios os perdone, ni que el Altísimo ya no será compasivo. Dios va a cada uno de vosotros, incluso a los más miserables. Volved a Dios y Él volverá a vosotros. Venid y haced vuestra casa en Su Corazón, como Él hace la Suya en el vuestro. Sabed que sin fervientes oraciones no seréis capaces de ver el Reino de Dios. Su Reino sobre la tierra está al alcance de la mano. Recordad que lo que Dios desea de vosotros es un cambio de corazón. No temáis reconocer vuestros pecados. Vivid y practicad el sacramento de la confesión.
Hijos Míos, os bendigo a todos.

Pero solos no podemos, no bastan nuestras buenas intenciones, debemos pedir la gracia de la compunción para poder convertirnos. En el mensaje del 17/1/2003 , El Señor nos dice:

(17.01.2003 PIDE LA GRACIA DE LA COMPUNCIÓN)

Sí, discípula, pide la gracia de la compunción. Por el acto de compunción, el alma es conducida a una verdadera metanoia. 1 Hueso de Mi Hueso, carne de Mi Carne, permíteme aumentar Mis derechos sobre ti para disminuir todo lo que pueda interferir con Mis derechos. En otras palabras, permíteme aumentar en ti para llenar donde te falte. Quiero que se te encuentre digna de Mi Reino.

Hay muchísimos pasajes más que podrían ser citados aquí, pero nos extenderíamos demasiado y los agotaríamos.

Pidámosle a nuestro Abba, a nuestro Papito, que nos dé la gracia de ir conociendo cada vez, un poco más, el don que se nos ofrece, que valoremos mucho poder recibir a Su Hijo, Jesús Eucaristía y que siempre nos acerquemos a Él con mayor reverencia, respeto y con pureza de corazón para que Él pueda ir transformándonos en imagen Suya. Pidámosle a nuestra Mamá María, ella que fue y es el primer Sagrario que nos obtenga de Dios la gracia de poder conocer a su Hijo cada vez más. Amor para amarlo. Valentía para servirlo. Buscarlo con todas nuestras fuerzas. “

 Amén!

Gracias
Ana Beltran – Equipo de evangelización de la VVed Argentina